Corre detrás de la nada, buscando en lo desconocido. El piso es firme, las paredes también. Camina a ciegas, mientras todas las sensaciones la inundan, olores, canciones, cariños y sabores. Se saca la vendas, todo el blanco y caen nubes que parecen algodones. Sigue explorando, parece un laberinto. Juega a que conversa con alguien, ese alguien la invita a seguir explorando, a seguir buscando un no sabe qué. Su curiosidad la lleva a los rincones más lejanos del laberinto blanco, descansa, juega, ríe. Ya no es alguien, son más, conversan, se entretienen, inventan, discuten y vuelven a reír.
Encuentra ese algo. Una caja. Llena de colores. Raya las paredes, dibuja flores, praderas, sonrisas. Crea su mundo. Le dicen que siga así. Que los dibuje a ellos, para que se conozcan.
Ya no quedan más paredes por pintar, todas llenas, sobreponiendo pinturas una tras una, que ya lucen negras. Cada vez más y más negras, se empiezan a debilitar. Una se resquebraja, un sonido de quiebre por el suelo, cada vez más intenso. No sabe de donde viene, ni donde puede terminar. La desesperación la acongoja, corre en contra del sonido, las voces le dirigen el camino. Tropieza una y otra vez. Siente cómo el suelo cae, como su laberinto se debilita, el vacío se apodera de ella, y cae. Se afirma. Las voces la animan. No lo suficiente. Y cae. Para nunca más volver a soñar.
domingo, 28 de octubre de 2012
martes, 9 de octubre de 2012
Héctor
-Te extraño - pensó.
-Te necesito - susurró.
-Iré por tí - se propuso.
-No puedes Héctor, nunca lo has podido ni lo podrás hacer - se dijo a si mismo mirándose a un espejo.
El rechazo era lo que más temía, lo que más odiaba y que evitaba hasta el cansancio, pero como todo mal, este volvía a perturbar sus sueños, convirtiéndolos en pesadillas noche tras noche. Cómo poder dejarla, cómo poder abandonarla, cómo rechazar un sentimiento tan fuerte. No podía ser menos y aunque confiaba con el apoyo de todos, el temor lo detenía y lo hacía dudar.
Amor incondicional, que no para hasta que mata. Que no hay campo, decían algunos; que cuesta mucho, decían otros; que nadie te tomará en cuenta decían los menos. Qué importa, es lo tuyo, da lo mismo, hazlo por tí y nos dejarás orgullosos, decían los más importantes. Aquellos que no fallan y aquellos que iban a estar ahí. Pero hoy era su decisión. Su paso. Y lo tenía que dar solo.
Se acercó al mostrador, preguntó por la secretaria, firmó el contrato y en menos de diez minutos, estaba matriculado en actuación. Aquí vamos, pensó. Trabajaré, estudiaré y haré todo lo posible por no dejarla. No importa lo que suceda. No importa lo que cueste. Seré actor.
Y salió del edificio.
Un nuevo horizonte se aproxima, ya no más trabajos de medio tiempo, ya no más trabajos de junior recomendados por el resto. Era su destino el de ahora. Y era ahora o nunca.
- Nuestro Tito está grande - dijo Sergio.
- Nuestro Tito creció - complementó Bruno.
- Nuestro Tito nos enorgullecerá - terminó Ana Isabel.
-Te necesito - susurró.
-Iré por tí - se propuso.
-No puedes Héctor, nunca lo has podido ni lo podrás hacer - se dijo a si mismo mirándose a un espejo.
El rechazo era lo que más temía, lo que más odiaba y que evitaba hasta el cansancio, pero como todo mal, este volvía a perturbar sus sueños, convirtiéndolos en pesadillas noche tras noche. Cómo poder dejarla, cómo poder abandonarla, cómo rechazar un sentimiento tan fuerte. No podía ser menos y aunque confiaba con el apoyo de todos, el temor lo detenía y lo hacía dudar.
Amor incondicional, que no para hasta que mata. Que no hay campo, decían algunos; que cuesta mucho, decían otros; que nadie te tomará en cuenta decían los menos. Qué importa, es lo tuyo, da lo mismo, hazlo por tí y nos dejarás orgullosos, decían los más importantes. Aquellos que no fallan y aquellos que iban a estar ahí. Pero hoy era su decisión. Su paso. Y lo tenía que dar solo.
Se acercó al mostrador, preguntó por la secretaria, firmó el contrato y en menos de diez minutos, estaba matriculado en actuación. Aquí vamos, pensó. Trabajaré, estudiaré y haré todo lo posible por no dejarla. No importa lo que suceda. No importa lo que cueste. Seré actor.
Y salió del edificio.
Un nuevo horizonte se aproxima, ya no más trabajos de medio tiempo, ya no más trabajos de junior recomendados por el resto. Era su destino el de ahora. Y era ahora o nunca.
- Nuestro Tito está grande - dijo Sergio.
- Nuestro Tito creció - complementó Bruno.
- Nuestro Tito nos enorgullecerá - terminó Ana Isabel.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)