martes, 9 de octubre de 2012

Héctor

-Te extraño - pensó.
-Te necesito - susurró.
-Iré por tí - se propuso.

-No puedes Héctor, nunca lo has podido ni lo podrás hacer - se dijo a si mismo mirándose a un espejo.

El rechazo era lo que más temía, lo que más odiaba y que evitaba hasta el cansancio, pero como todo mal, este volvía a perturbar sus sueños, convirtiéndolos en pesadillas noche tras noche. Cómo poder dejarla, cómo poder abandonarla, cómo rechazar un sentimiento tan fuerte. No podía ser menos y aunque confiaba con el apoyo de todos, el temor lo detenía y lo hacía dudar.

Amor incondicional, que no para hasta que mata. Que no hay campo, decían algunos; que cuesta mucho, decían otros; que nadie te tomará en cuenta decían los menos. Qué importa, es lo tuyo, da lo mismo, hazlo por tí y nos dejarás orgullosos, decían los más importantes. Aquellos que no fallan y aquellos que iban a estar ahí. Pero hoy era su decisión. Su paso. Y lo tenía que dar solo.

Se acercó al mostrador, preguntó por la secretaria, firmó el contrato y en menos de diez minutos, estaba matriculado en actuación. Aquí vamos, pensó. Trabajaré, estudiaré y haré todo lo posible por no dejarla. No importa lo que suceda. No importa lo que cueste. Seré actor.

Y salió del edificio.

Un nuevo horizonte se aproxima, ya no más trabajos de medio tiempo, ya no más trabajos de junior recomendados por el resto. Era su destino el de ahora. Y era ahora o nunca.

- Nuestro Tito está grande - dijo Sergio.
- Nuestro Tito creció - complementó Bruno.
- Nuestro Tito nos enorgullecerá - terminó Ana Isabel.

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