domingo, 28 de octubre de 2012

No tittle

Corre detrás de la nada, buscando en lo desconocido. El piso es firme, las paredes también. Camina a ciegas, mientras todas las sensaciones la inundan, olores, canciones, cariños y sabores. Se saca la vendas, todo el blanco y caen nubes que parecen algodones. Sigue explorando, parece un laberinto. Juega a que conversa con alguien, ese alguien la invita a seguir explorando, a seguir buscando un no sabe qué. Su curiosidad la lleva a los rincones más lejanos del laberinto blanco, descansa, juega, ríe. Ya no es alguien, son más, conversan, se entretienen, inventan, discuten y vuelven a reír.
Encuentra ese algo. Una caja. Llena de colores. Raya las paredes, dibuja flores, praderas, sonrisas. Crea su mundo. Le dicen que siga así. Que los dibuje a ellos, para que se conozcan.
Ya no quedan más paredes por pintar, todas llenas, sobreponiendo pinturas una tras una, que ya lucen negras. Cada vez más y más negras, se empiezan a debilitar. Una se resquebraja, un sonido de quiebre por el suelo, cada vez más intenso. No sabe de donde viene, ni donde puede terminar. La desesperación  la acongoja, corre en contra del sonido, las voces le dirigen el camino. Tropieza una y otra vez. Siente cómo el suelo cae, como su laberinto se debilita, el vacío se apodera de ella, y cae. Se afirma. Las voces la animan. No lo suficiente. Y cae. Para nunca más volver a soñar.

martes, 9 de octubre de 2012

Héctor

-Te extraño - pensó.
-Te necesito - susurró.
-Iré por tí - se propuso.

-No puedes Héctor, nunca lo has podido ni lo podrás hacer - se dijo a si mismo mirándose a un espejo.

El rechazo era lo que más temía, lo que más odiaba y que evitaba hasta el cansancio, pero como todo mal, este volvía a perturbar sus sueños, convirtiéndolos en pesadillas noche tras noche. Cómo poder dejarla, cómo poder abandonarla, cómo rechazar un sentimiento tan fuerte. No podía ser menos y aunque confiaba con el apoyo de todos, el temor lo detenía y lo hacía dudar.

Amor incondicional, que no para hasta que mata. Que no hay campo, decían algunos; que cuesta mucho, decían otros; que nadie te tomará en cuenta decían los menos. Qué importa, es lo tuyo, da lo mismo, hazlo por tí y nos dejarás orgullosos, decían los más importantes. Aquellos que no fallan y aquellos que iban a estar ahí. Pero hoy era su decisión. Su paso. Y lo tenía que dar solo.

Se acercó al mostrador, preguntó por la secretaria, firmó el contrato y en menos de diez minutos, estaba matriculado en actuación. Aquí vamos, pensó. Trabajaré, estudiaré y haré todo lo posible por no dejarla. No importa lo que suceda. No importa lo que cueste. Seré actor.

Y salió del edificio.

Un nuevo horizonte se aproxima, ya no más trabajos de medio tiempo, ya no más trabajos de junior recomendados por el resto. Era su destino el de ahora. Y era ahora o nunca.

- Nuestro Tito está grande - dijo Sergio.
- Nuestro Tito creció - complementó Bruno.
- Nuestro Tito nos enorgullecerá - terminó Ana Isabel.

jueves, 3 de mayo de 2012

Zapatos de un asesino

Eran sus zapatos favoritos, pero ya habían llegado a su fin. ¿Qué voy a hacer? pensó. Encontrar un zapato siempre había sido su más terrible odisea, ninguno era lo que él quería. No tenía ningún defecto en sus pies, solamente lo mismo que todos, si un zapato le quedaba bien de largo,  le quedaba ancho, y uno que le quedaba bien de ancho, le quedaba corto.
Encontrar sus últimos zapatos fue una aventura de tres días: ir a las grandes y pequeñas tiendas, de barrios altos y de barrios bajos, pero tuvo suerte en encontrar una zapatería que trabaja con reos en rehabilitación, ya que ante la típica complicación que se le presentó, se lo arreglaron de inmediato. "Volveré a esa tienda, a ver si tengo la misma suerte que la última vez".
Pidió libre un día de trabajo, ya que por si las moscas, le iba mal en la tienda, se tenía que poner a recorrer todo.
Llegó temprano y entró a la pequeña zapatería, el olor a betún impregnaba las maderas del pequeño negocio, donde entremedio de montículos de zapatos que había que reparar, estaba el muy anciano señor que atendía. Arriba en una estantería donde estaban expuesto varios pares de zapatos, notó unos que estaban en la cima. Le llamó la atención lo elegante que eran, y lo cómo que se veían. Se los pidió al vendedor, notó que eran de su número habitual. Se sentó para probárselos, y cuál fue su sorpresa, le quedaban perfectos, largo y ancho suficientes. Se levantó para caminar con ellos y era como andar a pie descalzo. Cómodos, debo venir más seguido, pensó.

Los dejó en la mesa donde estaba la caja, y se los pidió al anciano. El hombre al percatarse el modelo que eran, preguntó al hombre con cierta impresión: "¿Está seguro que quiere llevarlos?", "Por su puesto"-dijo-"Me han quedado de lujo, como si estuviesen echo para mí". Se los guardó en una caja, y se los entregó. "Cuídelos" fue su única advertencia.

Llegó contento a casa, porque el día le quedó libre, con un par de zapatos nuevos a casa, así que se dio una merecida siesta, ya que un pesado sueño se estaba apoderando de él.

Cuando despertó vio las luces de otros departamentos. Impresionado de todo lo que había dormido, fue a servirse algo de comer. Abrió el refrigerador y sacó un par de pasteles de chocolate que había dejado de ayer. Un sabor raro recorrió sus labios. Notó que no era chocolate, pero era algo que venía de sus manos. Sintió que las tenía húmedas y que algo caía de ellas. Prendió la luz. Era sangre. Lo supo, por ese color rojizo inconfundible. Revisó sus brazos, sus piernas, su cabeza y su boca. ¿De dónde pudo haber provenido? Se bañó, se limpió, pero él no tenía ninguna herida.

Olvidado ese extraño asunto, prendió la televisión, vio las noticias, vio la programación nocturna, hasta que sintió un grito desesperado de ayuda. Se levantó, salió a ver qué pasaba, era su vecino que vivía con su anciana madre. Alguien había entrado a su departamento mientras trabajaba y la mató de tres puñaladas.
Conmocionó a todos los que vivían en el piso, nadie escuchó un sonido extraño, incluso él se disculpaba, diciendo que durmió todo el día. "Pobre anciana" pensó "Hacía ricos pastelitos de chocolate"...

...

lunes, 9 de abril de 2012

Prueba

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